El consenso son los padres

(…) las propias condiciones de posibilidad del ejercicio de la democracia constituyen al mismo tiempo las condiciones de imposibilidad de la legitimidad democrática tal como es concebida por la democracia deliberativa. En una sociedad liberal democrática el consenso es, y será siempre, la expresión de una hegemonía y la cristalización de unas relaciones de poder. La frontera que dicho consenso establece entre lo que es legítimo y lo que no lo es, es de naturaleza política, y por esa razón debería conservar su carácter discutible. Negar la existencia de ese momento de cierre, o presentar la frontera como algo dictado por la racionalidad o la moralidad es naturalizar lo que debería percibirse como una articulación contingente y temporalmente hegemónica del «pueblo» mediante un régimen particular de inclusión/exclusión. El resultado de esta operación es la reificación de la identidad del pueblo al reducirlo a una de sus muchas formas de identificación posibles.

Chantal Mouffe, «Carl Schmitt y la paradoja de la democracia liberal», en La paradoja democrática, editorial Gedisa, p. 64

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